miércoles, 8 de junio de 2011

Una leridana lleva esperando seis meses para lograr su invalidez


“Es muy triste pedir a la familia, no quiero vivir así. No habré tenido mucho dinero antes, pero siempre he podido comer”. Es la situación en la que vive Carmen Tello, de 55 años, desde hace un año y medio. Sufre fatiga crónica, fibromialgia, dos hernias discales, pérdidas de memoria, agarrotamiento y depresión y lleva esperando una sentencia que le otorgue la invalidez y, por tanto, una pensión, desde hace seis meses. 

El pasado 22 de diciembre acudió a los juzgados de Lleida con la esperanza de que en poco más de un mes, como le dijeron, saldría la resolución sobre su incapacidad. Según Bienestar Social, tiene un 44% de invalidez. De hecho, hace tres años y medio, cuando Carmen tuvo que coger la baja debido a su enfermedad, sí que empezó a cobrar la ayuda. Sin embargo, hace un año y medio dejó de percibir estos ingresos y la afectada se pregunta por qué. 

Según abogados consultados por este diario, no es frecuente que este tipo de sentencias tarden tanto en salir. No obstante, los juzgados de la ciudad están colapsados de trabajo y podría ser normal que se haya retrasado la resolución. Mientras, esta vecina de Bellpuig vive desde hace unos meses en casa de una amiga en Lleida, debido a que con sus 254 euros de pensión de viudedad no puede afrontar los gastos frecuentes de desplazamiento al médico, además de que en su vivienda no hay ascensor y no puede subir más de 70 escaleras. “Las subo, pero después me ahogo”, relata Carmen. 


Tal y como sentenció recientemente el Juez del Juzgado de lo Social número 2 de Lleida al dar una invalidez absoluta por fibromialgia a una trabajadora del Hospital Arnau de Vilanova, “es una enfermedad de difícil objetivación, pero que causa desánimo en quien la sufre, tristeza, dolor generalizado, apatía, insomnio y otras manifestaciones que impiden que la persona pueda no sólo trabajar con un mínimo de rendimiento aceptable, sino que pueda atender sus ocupaciones personales”.


Cuantos más nervios y problemas tienen los afectados, más se agravan sus dolencias. De hecho, a Carmen Tello, auxiliar de una residencia de ancianos, la depresión se le agravó cuando “me dijeron que ya no podía trabajar, porque yo estaba muy a gusto”. Tiene el apoyo de su amiga y de sus familiares, que la ayudan económicamente cuando se lo pide, pero siente que no tiene “aliciente de nada, tengo ganas de hacer algo”. Su abogado, pagado por un familiar, dice que tiene que esperar a que salga la sentencia. Por eso, los días que tiene fuerza hace bisutería con ganchillo, hilos, cuentas y alambres. También comparte sus experiencias en Facebook, ya que le aconsejaron que usara el ordenador para ejercitar su mente.


Además, Carmen ha recurrido ya tres veces, la última en mayo, un recurso de ayuda familiar, que le niegan por no llegar al 65% de invalidez. Además, hasta el mes pasado Bienestar Social no le comentó que por ser viuda tiene derecho a unos 40 euros para desplazamientos médicos. Ahora espera una carta otorgándole la ayuda. “La gente no sabe lo que es esta enfermedad, me siento impotente, pero lo que me pasa a mí le está pasando a mucha gente”, recuerda Carmen. En Catalunya, estas patologías afectan a unas 140.000 personas.
 


fUENTE: http://www.lamanyana.es/web/html/lanoticia.html?id=104578&seccio=Lleida&fecha=2011-06-06&sortida=03:00:00

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