martes, 24 de agosto de 2010

Una mujer sin pensión, en huelga de hambre en Lugo

http://elprogreso.galiciae.com/arquivo/117765

María Sol Cobas, tumbada en el suelo, en la explanada de los juzgados. (Foto: Pepe Álvez)

En huelga de hambre, María Sol Cobas Vilanova tenía empapado el pantalón pero, aun así, resistía -a primera hora de la noche- tumbada en la calle, entre dos plásticos y dos sacos y bajo el único refugio de una sombrilla.

Esta madre soltera, de 47 años y vecina de Lugo, asegura sufrir fuertes dolores en los brazos y en las manos. Con una hipoteca sobre ella y sin los 400 euros de pensión que, según cuenta, le otorgaron durante un tiempo «por incapacidad permanente», subsiste ahora gracias a sus padres. En su momento, protestó por la retirada del subsidio pero asegura que la huelga de hambre que inició ayer, acostada frente a los juzgados, no es por dinero. Es para protestar por el trato que le dieron el Sergas y la Seguridad Social desde que hace unos dos años comenzó a tener los primeros problemas de salud.

María Sol Cobas, que trabajó como cuidadora en el asilo de San Roque, contratada por el Inludes, denunció, en octubre del año pasado, ante el juzgado de instrucción número 2 de Lugo «la tardanza en ser diagnosticada» de los problemas de salud que padecía, que la tuvieron catorce meses de baja.

Con intensos dolores en los brazos y en el cuello, dice, fue tratada, por distintos médicos, de cervicoartrosis, tendinitis y fibromialgia. Sus problemas físicos le causaron, a su vez, trastornos psicológicos y gástricos, pero todo ello no la arredró de denunciar su situación ante todos los organismos y tribunales habidos y por haber como, por ejemplo, los diez escritos que envió al Consejo General del Poder Judicial; seis, al Tribunal Constitucional; y cuatro, a la Fiscalía General del Estado, además de al Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo, al Tribunal de La Haya, al Supremo y a la ONU.

Hoy seguirá durmiendo en la calle con un peine y unas toallitas como único equipaje. No teme la noche, porque «vendrá la Policía Local a patrullar», decía ayer, y tampoco a la lluvia: «Aunque caigan relámpagos, no me moveré de aquí», añadía. Nada ni nadie la disuade. Hoy mismo denunciará su caso, por correo, a las embajadas de Irán, Venezuela, Japón y Arabia Saudí. «Para que vean cómo están los derechos humanos en España», apunta.

Fuente: http://elprogreso.galiciae.com/nova/60830.html

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