viernes, 4 de junio de 2010

Las mil caras del dolor crónico

Respuestas en torno a los descubrimientos de los científicos galardonados con el premio «Príncipe» de Investigación sobre un problema que afecta a decenas de miles de asturianos

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Luis Arboleya.

Oviedo

«El dolor no es sólo un síntoma», decía el miércoles desde Israel a LA NUEVA ESPAÑA Baruch Minke, uno de los tres científicos galardonados con el premio «Príncipe de Asturias» de Investigación 2010. Buscan fórmulas para conocer mejor los mecanismos biológicos del dolor. Un gran desconocido entre nosotros. En este reportaje se formulan y contestan preguntas básicas en torno a algo que todos temen y muchos sufren. Las contesta el reumatólogo del HUCA Luis Arboleya.

¿Hay una clasificación del dolor?

Hay dolores de dos tipos. El agudo, el que nos producimos ante una quemadura o un golpe. Y el crónico, de duración indefinida y que responde mal a los tratamientos. Es el que más nos interesa. El dolor crónico se considera una enfermedad en sí misma.

¿Cómo explicar el mecanismo del dolor?

Un estímulo recorre desde el punto de aplicación hasta el sistema nervioso central. Hay neuronas que se activan ante ciertos estímulos, y eso se ve muy bien en las neuroimágenes. Nuestro sistema nervioso activa a su vez otras estructuras relacionadas con la memoria, las emociones o la atención.

¿Qué es el dolor crónico?

Para empezar es un dolor muy real que puede no tener ni siquiera una causa inicial. Cuando un estímulo doloroso dura más de la cuenta provoca una activación permanente de ciertas neuronas, sin que exista ningún estímulo previo. Y ese cambio en la posición de las neuronas receptoras de dolor es como si estuvieran permanentemente en «on». Es lo que se conoce como fenómeno de sensibilización central.

¿A quién afecta el dolor crónico?

Es una enfermedad con una prevalencia muy frecuente e inexplicable. La incidencia es mucho más frecuente en mujeres, hay muchas teorías al respecto, pero ninguna definitiva. En la fibromialgia, por ejemplo, nueve de cada diez pacientes son mujeres. Los dolores de músculos, espalda y articulaciones suponen más del 80% del dolor crónico.

¿El dolor crónico puede ser permanente, de 24 horas?

Estamos hablando de una experiencia consciente. Cuando dormimos no tenemos dolor o, al menos, el dolor que tenemos nos permite dormir. Pero sí, hay pacientes que aseguran vivir con dolor permanente.

¿De qué enfermedades hablamos?

Todas las relacionadas con los llamados síndromes de sensibilización central, la fatiga crónica, la sensibilidad química múltiple o el intestino irritable, entre otras.

¿Hasta dónde puede llegar el dolor?

Hay una escala de 0 a 10. El 10 es el considerado máximo dolor soportable, pero no hay que olvidar que el dolor es subjetivo, algo muy individual. ¿Dónde están los límites? Pues no hay límite. Una persona puede desmayarse de dolor e, incluso, el dolor puede matar.

¿Cualquier dolor puede ser controlado mediante fármacos?

Hay dolores que sólo se controlan mediante sedación. El tratamiento del dolor tiene que ser escalonado, desde el paracetamol a las técnicas invasivas.

¿Cuál es el peor dolor?

No hay unanimidad. Algunos grandes conocedores del tema hablan de la poliartritis aguda febril, pacientes que sufren inflamación en muchas articulaciones y para los que un mínimo movimiento les genera múltiples dolores intensos a la vez. Hay personas a las que el mero tacto les produce dolor.

¿Aguantan mejor el dolor las mujeres?

No se puede hablar de un patrón diferenciador. Depende de cada persona.

¿El dolor puede tener una causa psicológica?

Es evidente que existen vías de conexión entre el dolor y los trastornos de ansiedad y depresión, pero sabemos poco de ellas. Pero esa idea de que una persona está deprimida porque le duele o le duele porque está deprimida es una dualidad que no se sostiene. La conexión la demuestra la eficacia de los fármacos coanalgésicos, por ejemplo, los antidepresivos o los antiepilépticos, que son medicamentos que ayudan a otros a reducir el dolor, pero por otros mecanismos que los analgésicos.

¿Con qué fármacos contamos?

Con los analgésicos en primer lugar; con los antiinflamatorios, ya un poco menos básicos. En tercer lugar con los opioides, que pueden ser débiles o fuertes.

¿Hay estadísticas asturianas?

Un estudio realizado por la Sociedad Española de Reumatología cifra en unos 20.000 los asturianos que sufren dolor crónico músculo-esquelético generalizado.

Fuente: http://www.lne.es/sociedad-cultura/2010/06/04/mil-caras-dolor/924791.html

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